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Por último, vale aclarar que la publicación que nos ocupa se inscribe en toda una tradición de revistas, boletines o periódicos que, desde la segunda mitad del siglo xix, comenzaron g to moles calculator sucederse en Europa y fueron el modelo de ésta y otras publicaciones latinoamericanas. Hugo Biagini ha elaborado un catálogo al respecto que incluye La Philosophie Positive (1867-1883), Revista Contemporánea (1875-1907), Revue Occidentale (1878-1934), O Positivismo (1878-1882), Rivista de Filosofi Scientifi (1881-1900), Archives d’l’Antropologie Criminelle (1886-1814), La Scuela Positiva (1891), The Positivist Review (1893-1925), Revue Positiviste Internationale (1906-1940), entre otras. Esta migración de modelos textuales no era enteramente unidireccional: en varias publicaciones europeas, como la Rivista Filosofi o la Revue Philosophique, se aludía a su vez al contenido de los trabajos de la revista de Ingenieros, que eran resumidos o comentados.
Además de los artículos que configuran la parte principal de la RF, es muy significativa la sección final, existente en la mayoría de los números, titulada “Análisis de libros y revistas” y, desde el número V de 1919, “Bibliografía”. Esta sección estaba al cuidado del propio Ingenieros e incluía reseñas o comentarios de libros de ciencias médicas, sociológicos, filosóficos, históricos, legales y de otros temas diversos, así como reproducía notas bibliográficas publicadas en otras revistas culturales y académicas. El grado de compromiso personal de Ingenieros con la elaboración de la sección es visible en notas, como aquella en la que se anuncia que, con motivo de su viaje a Estados Unidos para participar en una serie de conferencias, la revista aparecería sin la habitual sección de comentarios de libros y revistas. Y eso se comprueba en el número siguiente, en el cual aparece un listado de publicaciones recibidas, sin las habituales reseñas o comentarios. En otro número, se informa a los lectores que Ingenieros partirá a Europa, invitado por el presidente del Consejo de Ministros de Francia a las fiestas del centenario de Jean-Martin Charcot.
Tanto en el cuerpo principal de la revista como en la sección de análisis de libros y revistas, aparecen artículos y notas de tenor necrológico, los cuales ofrecen una suerte de homenaje póstumo a personajes que generalmente habían actuado en el terreno científico, filosófico o de gestión pública y educacional. A pesar de la heterogeneidad consustancial a proyectos colectivos como es el caso de las revistas, en cuyo interior suelen convivir líneas en tensión, la aparición de estas notas necrológicas es bastante ilustrativa de los intereses y las redes intelectuales que caracterizaron la actuación de Ingenieros.
Sobre la tipología discursiva de las necrologías, debemos decir
que se nutren de distintas vertientes de la tradición biográfi Por un lado, tenemos la laudatio funebris, una forma protobiográfica heredada de la tradición clásica, una pieza oratoria que un pariente o amigo del muerto pronunciaba en sus funerales. La oración fúnebre es el núcleo, también, de muchos textos hagiográficos que, por influjo del cristianismo tardoantiguo y medieval, inscribirían en las vidas una serie de rasgos que sobrevivirían incluso a planaria los procesos modernos de secularización.
En segun
do lugar, la organización discursiva de estos textos remite también a otra tradición, no necesariamente vinculada a la instancia de la muerte: el elogio académico o institucional. El término éloge se usaba como sinónimo de vie en la Francia de los siglos xvii y xviii. Privilegiaba otro componente: la necesidad de celebrar y, desde ese ángulo, se relacionaba con el antiguo género epidíctico, la oración funeral y la hagiografía. La crítica ha destacado la impronta tanto de la hagiografía medieval como de la biografía antigua en la constitución del género del elogio, particularmente el modelo de las Vidas de Plutarco o De viris illustribus de Cornelio Nepote. Plutarco fue un modelo para las biografías seculares, de artistas, escritores y eruditos, que florecieron sobre todo en el Renacimiento italiano, como los Elogios de hombres famosos de Paolo Giovio, escritos en latín, o las Vidas de artistas, escritas por Vasari en italiano. Que en la Francia del siglo xvii se escribieran estas vidas en lengua vernácula, dice algo significativo respecto de la visibilidad social de escritores y eruditos, porque demuestra que la biografía encomiástica excedía la autoglorificación de un grupo limitado para satisfacer la curiosidad de un público educado ampliado.
Fue precisamente en el siglo xviii que las formas del elogio comenzaron a vincularse más estrechamente con la actividad intelectual: ese discurso pronunciado en ocasión de la recepción de un miembro en una academia o cuando se le otorgaba algún premio, también tenía lugar cuando dicho miembro se retiraba o fallecía. Los estudiosos del género señalan como un punto de inflexión el momento en que la Academia que nucleaba a los médicos franceses, en la época prerrevolucionaria, comenzó a promocionar el elogio de sus miembros desde una perspectiva igualitaria, como una forma de destacar el talento por sobre las diferencias de clase, aunque inevitablemente esta situación se daba en el seno de una élite que tenía acceso a la cultura y el poder. Atributos de los médicos que parecían heredados de la escritura hagiográfica, como los de devoción o sacrificio, se conjugaban con las nociones de patriotismo y ciudadanía para colaborar en la constitución de una ideología médica moderna. El elogio era entonces una hoja de servicios prestados a la ciencia que autorizaba a rendir honores a esos médicos que quedaban convertidos, así, en muertos ilustres. El lugar tomado por las academias y el concedido a los elogios de los muertos fue una peculiaridad del caso francés que prontamente se tornó modélica. El peso —si no exclusividad— de los hombres en las academias marcó la condición genérica del elogio: eran vidas de grandes hombres escritas por otros grandes hombres, que conformaban una tradición biográfica netamente patriarcal.